25 años

Al contrario que la mayoría de adolescentes, nunca me preocupé por el hecho de que los chicos se fijasen o no en mí y eso me llevó a empezar en el tema de las relaciones (tanto sexuales como sentimentales) más tarde de lo que suele estar normalizado en la sociedad.
Sobre los 21 años empecé a sentir esa necesidad de gustar a los chicos, de que los compañeros de universidad se fijasen en mi o de ligar en una discoteca como el resto de mis amigas. Pese a no ser una chica que destacase físicamente, algún ligue me llevé, pero nunca pasaron de unos besos y algún roce. Había un miedo irracional que me impedía seguir adelante.
Con 25, decidí apuntarme a ese catálogo llamado Tinder y lanzarme a la piscina. Buscaba conocer a alguien con quien divertirme y además poder, por fin, iniciarme en el sexo. Al poco tiempo conocí a un chico que me cautivó desde el primer momento y me hizo sentir como nunca me había hecho sentir nadie. Me resultaba extrañamente placentero que alguien como él se pudiese fijar en mí, pero lo hizo. Pasadas unas pocas citas, llegó el momento y los nervios me hicieron confesarle que era virgen pese a que mi primera opción era dejar que fluyera sin más, evitando así la vergüenza (social) de confesar que, a mi edad, aún no había tenido relaciones sexuales.
Él se mostró muy comprensivo y me dijo que yo mandaba, que era muy importante que me sintiese cómoda. El momento era perfecto y me sentí muy deseada, sexy y guapa (algo que siempre me ha sido muy difícil). Lo probamos de todas formas y finalmente entró, pero no me preguntéis nada más sobre aquel momento porque no recuerdo nada más. No fue como yo había imaginado y sabía que todas esas dificultades no eran normales para una primera vez.
Obviamente hubo alguna más pero siempre se repetía lo mismo y me bloqueaba, lo que impedía que pudiésemos disfrutar de otras formas. Busqué ayuda psicológica por una ansiedad que me estaba haciendo decaer en todos los aspectos de mi vida y le conté lo que me pasaba. El psicólogo me ayudó a superar la ruptura (porqué sí, la hubo) y fue la primera persona que me mencionó la palabra VAGINISMO. Se comprometió a buscar información al respecto y encontrar algún sitio donde pudiese acudir; una semana más tarde escuche el nombre de PILAR PONS por primera vez.
Tengo que reconocer que me costó meses decidirme a llamar para una primera visita, pero mi familia y amigos (que vieron y supieron de mi bache casi desde el principio) me obligaron a hacerlo, por mí. En esos meses empecé a quedar con un chico al que se lo conté desde el principio y para el que no suponía problema, me ayudó a ver que el sexo no es solo penetración y que disfrutaba dándome placer, lo que me sirvió como un último empujón para acudir a la consulta.
Los nervios eran palpables desde antes de entrar por la puerta, pero Pilar es un amor de mujer y sobre todo te hace sentir comprendida. Salí de la consulta contenta por saber que tarde o temprano lo solucionaría, pero también con miedo por el proceso que me esperaba. Hoy doy gracias por haber conocido a Pilar.
Ahora que ya dispongo del alta y la penetración empieza a parecerme algo normal dentro del sexo, me doy cuenta de que tardé demasiado en acudir y que también he tenido muchos bajones que me impidieron seguir con regularidad el tratamiento.
Más de un año y medio ha pasado desde que noté que algo no iba bien, 10 meses desde que supe que era lo que me pasaba y tenía nombre y unos 7 meses desde que atravesé por primera vez la puerta de la consulta. En estos últimos 7 meses he estado a punto de rendirme en más de una ocasión sintiéndome fea y poco deseable después de comprobar que todos los chicos que conocía se iban alejando, auto culpándome por ello.
No sé expresar con palabras muchas de las cosas que pasan por mi cabeza cuando pienso en todo este proceso, pero lo que sí que sé son dos cosas:

⁃ En primer lugar, que hace falta mucha más visibilidad, normalización e información sobre el vaginismo. Me alegra saber que he puesto en conocimiento de mucha gente (tanto hombres como mujeres) este problema y de lo que supone para las mujeres que lo sufren. Y lo seguiré haciendo.
⁃ Y en segundo lugar y más importante: tiene solución.