29 años

16 años. Empiezo a salir de fiesta con las amigas. Algún sábado por la noche vamos a la discoteca, pero no hasta muy tarde ya que los padres son los encargados de llevarnos y de recogernos. Algunas de ellas ya tienen algún ligue en el instituto o durante las vacaciones han tenido algún amor de verano, yo no he tenido pero ahora llega mi momento. Se acerca un chico moreno muy guapo. Es muy simpático, reímos, bailamos … la cosa se anima y nos empezamos a besar. ¡Es un momento muy emocionante … mi primer beso! Con ese chico la cosa no pasa de esa noche. Sigo saliendo algún sábado y de vez en cuando, la situación se repite con otros chicos hasta que a los 17 años conozco a uno muy especial. Nos damos los números de teléfono y nos enviamos algunos mensajes durante la semana e incluso quedamos para tomar café. Es un buen chico, nos sentimos a gusto uno con el otro y vamos quedando cada vez más a menudo. Llevamos tres meses saliendo cuando me invita a cenar a su casa, un día que sus padres no están. Después de cenar me lleva a su habitación y allí, tumbados en la cama, nos empezamos a besar. Él me empieza a sacar la ropa y la cosa cada vez más, estoy nerviosa pero mis amigas me han dicho que es normal. Mi cabeza no para de decirme que me relaje, ellas ya comentaban: “quizás te hará un poco de daño pero nos ha pasado a todas, no sufras. Irá bien. “Pero no, no va nada bien. Llega el momento de la penetración y no puedo, no entra y siento un dolor horroroso. Lo probamos con el dedo y tampoco funciona. Lo dejamos para otro momento ya que “no debo estar preparada” pero no lo llego a estar nunca, porque siempre que lo intentamos el dolor es insoportable y no hay manera de que entre nada de nada. Al final, al cabo de unos meses él se cansa de la situación y la relación termina.

18 años. Comienzo la universidad y allí, lejos de casa y con gente diferente comienza una aventura nueva para mí. Tras dejar atrás aquella relación decido que ha llegado el momento de dejarme llevar, de no controlar tanto las situaciones y vivir un poco más alocadamente. Un día en una fiesta universitaria el chico con el que me estoy enrollando me propone llevarme a casa después de la fiesta y le digo que sí. Evidentemente yo sé cuáles son sus intenciones y me parece un buen momento para volver a intentarlo. Me lleva a un lugar tranquilo y allí, dentro de su coche, vamos a más. Todo es perfecto, estoy muy cómodo hasta que intenta introducirme el dedo. Imposible. ¿Otra vez?! Pues sí, no puedo. Vuelve el dolor horroroso e insoportable. Le digo que es mi primera vez y él me dice que no sufra, que otro día será, pero no me llama más. Después de esta experiencia pienso que hacerlo por primera vez con un desconocido no me convence y decido esperar alguien importante. A partir de ese momento cada vez que me enrollo con un chico me limito a dar cuatro besos y poco más … cuando me dicen de llevarme a casa siempre busco alguna excusa y me escapo de la situación.

20 años. Aparece el amor de mi vida. Es un chico fantástico, la mejor persona que he conocido nunca y estamos muy bien juntos, pero llega el día que él empieza a hablar de tener relaciones y yo le digo que todavía soy virgen. Él me tranquiliza y me dice que irá con cuidado y que lo haremos cuando esté preparada. ¿Preparada?? ¡Ya lo estoy de preparada! Mis ganas son exageradas y pienso que esta vez todo irá bien. DEBE IR BIEN. Pues no, imposible de nuevo. Por suerte, ya te he dicho que es el amor de mi vida, cuando le cuento todo lo que me pasa lo comprende y decide ayudarme a buscar soluciones. Me apoya de forma incondicional y eso me hace sentir muy querida. Nuestras relaciones sexuales son muy buenas pero excluimos siempre la penetración, tanto sea del dedo, del pene o de algún juguete sexual. Así pasamos unos años, él nunca hace reproches ni objeciones y continuamos con una búsqueda constante de soluciones hasta que la encontramos. Si, encontramos la solución!! Llega a mí la información que con fisioterapia especializada se puede solucionar el vaginismo; porque lo que me pasa a mí tiene nombre y resulta que no sólo lo sufro yo. Me pongo en manos de una gran profesional y en pocas sesiones y con trabajo constante en casa haciendo una pauta de ejercicios determinada, se soluciona. Evidentemente, superar el vaginismo me ha cambiado la vida y también mi relación de pareja que se ha fortalecido y unido aún más.

Elisa. 29 años